Esto no es amor

Leyendo la prensa el otro día me encontré un artículo que atrapó mi atención sembrando un poso de angustia, de responsabilidad e incluso de culpabilidad por no saber cómo abordar o siquiera qué hacer ante un caso como el siguiente, cito textualmente:

En lo alto de un edificio en ruinas una mañana apareció la pintada ‘Te amo, Laura’ junto a un corazón burdamente grafiteado. A las amigas de ella les pareció un gesto muy romántico y hasta la envidiaron. Pasaron meses hasta que se enteraron de que aquella fue la manera que tuvo él de pedirle perdón por el primer puñetazo. A Laura también le gustó el mensaje y no sólo le perdonó, sino que se enamoró más todavía: “pensaba que se había arriesgado mucho para escribir eso allí arriba y que debía de quererme de verdad”. Tardó todavía muchas palizas en darse cuenta de que aquello no era amor y de que allí la única que se jugaba la vida solo era ella. 

Entonces Laura tenía 15 años y él era su primer amor. Es una de las chicas de las que hablan las estadísticas, que alertan del aumento de los casos de violencia machista entre los adolescentes.

(Yodona, El Mundo. 12 nov. 2016)

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Esta lectura produjo en mí el efecto de un golpe directo a la barbilla.

La lacra de la violencia machista no entiende de edades ni de condiciones sociales, jamás aplica eximentes, es implacable y, sí, nos afecta a todos sin excepción. Alrededor del 80% de las agresiones machistas queda silenciado. Muchos consideran que es un problema privado de las parejas.

Nada más equivocado. Se trata de delitos de carácter público, perseguibles de oficio, y todos tenemos la obligación de ponerlos en conocimiento de las autoridades para el inicio de la acciones penales correspondientes.

Sin embargo, solo en uno de cada cien casos ha sido el padre, una amiga o un vecino quien se ha atrevido a  dar el paso. Muchos no lo saben, pero otros tantos sí admiten haber sido testigos de insultos y vejaciones, vislumbrado moratones torpemente justificados o escuchado gritos y discusiones al otro lado del tabique de la casa.

Las denuncias de terceros constituyen una de las herramientas, por no decir la herramienta más poderosa en la lucha contra este drama social. Hacen que se ponga en marcha la protección policial y judicial de la víctima, iniciando el proceso para dictar una sentencia condenatoria aun sin contar con la declaración de la maltratada que, si se acoge a su derecho a no declarar, implica que corresponda al Ministerio Fiscal acreditar los malos tratos con otras pruebas que puedan ser de utilidad para seguir un procedimiento judicial en contra del presunto agresor (atestado policial, declaración de los policías actuantes, testigos, informe médico forense, historial clínico…)

Si queremos salir del teatrillo de los golpes huecos de pecho cada vez que se tiene noticia de un asesinato bajo estas circunstancias, es necesario tomar una decisión como sociedad: o estamos en contra y rechazamos de plano la violencia machista siempre y en todo caso o, por el contrario, adoptamos una actitud contemporizadora, indiferente y permisiva que seguirá propiciando una lacra que, no lo olvidemos, mata en el mundo a más mujeres que el cáncer, los accidentes de tráfico, la malaria y las guerras juntos.

Pues eso…

No sin mi móvil

Vuelta a casa tras las vacaciones y en el maletero del coche además de ropa para lavar y buenos propósitos para el nuevo curso, también nos traemos un botín de pokemones que mis hijos han capturado dejándose por el camino todas las cargas de datos habidas y por haber. Porque justo es reconocerlo, los pokemon han sido las estrellas de este verano. Bueno, los pokemon, el snapchat, el twitter, el instagram, el whatsapp…

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Vivimos en un país en el que el 70% de los niños y niñas de 11 años dispone de smartphone o tableta y el móvil es el regalo estrella de las comuniones (9 años). No sé si tenemos que hacérnoslo mirar o no, eso cada cual verá, pero es lo que hay.

Las madres y padres de hoy en día nos enfrentamos a situaciones inimaginables para nuestros padres y abuelos cuando a ellos les tocó serlo. Ellos -como apunta un controvertido juez de menores- podían registrar los cajones, armarios o incluso debajo del colchón en busca de pruebas o indicios cuando el ‘investigado o investigada’ estaba ausente y luego dejarlo todo como estaba. Ahora, si queremos espiar, tenemos que vérnoslas con el móvil, ese aparatito que nuestras hijas e hijos protegen de nuestra curiosidad con todo tipo de códigos y contraseñas, como si de la cámara acorazada de un banco se tratase.

Lo lamentable es que dediquen este ímprobo esfuerzo de ocultación ‘a los de casa’ y de cara ‘a los de fuera’ las cautelas sean mínimas. Son muy comunes las situaciones en las que ‘los de fuera’ saben y han visto muchas más cosas sobre nuestros hijos e hijas que nosotros mismos. Y eso, para qué nos vamos a engañar, jode.

Asumiendo que hay cosas que las hijas e hijos siempre restringirán al conocimiento de sus padres, se trata de hacerles ver que esto no sólo es cosa suya ya que, una vez subido a la red ya sea una fotografía, un insulto en un momento de cabreo o una simple broma, perdemos el control de lo publicado perdurando la responsabilidad legal de los progenitores hasta los 18 años.

No es fácil determinar dónde termina el derecho a la intimidad de los menores y dónde empieza la responsabilidad de los padres y madres.

Lo que sí tengo claro es que el problema no se soluciona negándolo -mi hijo, mi hija no va a tener móvil- sino adaptándose a él. Porque ‘el problema’ no desaparece pasada la adolescencia, sino que varía su expresión. Siempre, por muy expertos que nos creamos y muchos años que tengamos, nos va a estar acechando bajo formas y tipos diferentes.

Así que no nos pongamos estupendos creyéndonos por encima del bien y del mal, porque podemos hacer de todo menos bajar la guardia.

Pues eso…

El enemigo rentable

Acaba de entrar en vigor la nueva directiva europea del Tabaco que implica que las cajetillas de cigarrillos tendrán que incluir advertencias sanitarias con fotos impactantes en color e información sobre los riesgos que cubrirán el 65% de los envases.

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Dice el comisario europeo de Salud, el lituano Andriukaitis, que el consumo de tabaco, que contiene más de 70 sustancias cancerígenas, causa unas 700.000 muertes evitables cada año en la UE con un coste de más de 500.000 millones de euros.

“Los diseños de las advertencias están pensados para desalentar a las personas de fumar o alentarles a dejarlo y para que tengan un impacto lo más duradero posible” espetó ufano el baranda convencido de su inestimable colaboración a nuestro bienestar.

Pero ¿de qué nos está hablando, señor comisario? Usted, con respeto se lo digo, se está descojonando de nosotros.

¿Acaso es capaz de imaginarse en un supermercado cualquiera pollo, leche o verduras advirtiendo que tienen más de 70 sustancias cancerígenas y que aún así se ponen -con muchas fotos, eso sí- a la venta?

Lo del tabaco no es cuestión ni de fotos ni de advertencias, es cuestión de coherencia.

¿Por qué nos obligan a abrocharnos el cinturón de seguridad sopena de multa en caso de no hacerlo -y estoy totalmente de acuerdo- en lugar de ponernos unas advertencias sobre los riesgos que conlleva no abrochárselo?

¿Por qué no nos obligan, de la misma manera, a dejar de fumar?

¿Poderosos lobbies presionando? ¿Se dejaría de recaudar mucho dinero en impuestos?

Si nos dicen que el tabaco es letal tanto para el fumador activo como para el fumador pasivo, créanselo ustedes los primeros y actúen atajando de raíz el problema no compadreando con el mismo.

Aquí todos tenemos mucho que decir. Lo fácil es dejarse llevar, no meterse en líos. Ese tipo o esa tipa que te ahúman cual salmón en la piscina o en la terraza de un bar impunemente porque es ‘su’ territorio y el viento no está de tu parte… Da igual que no nos moleste tragar su humo, se trata de una cuestión de respeto y dignidad.

Señor comisario, no nos venga con fotos ni mandangas, o estamos a rolex o estamos a setas.

Pues eso…

Panama papers

No conozco el  motivo que ha movido a un nutrido grupo de periodistas de varios países a descubrir el pastel (seguramente hacer del mundo un lugar mejor, claro…) pero tampoco es importante. Como le digo a un amigo periodista: ¿Qué importa el color del gato si caza ratones? Él me suele poner pegas a este argumento como principio general, pero muchas veces es lo único que tenemos.

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La cosa es que han dejado a un montón de fulanos y fulanas con el culo al aire y  lo único que aciertan a decir es que todo es legal. Aquí sí le voy a hacer caso a mi amigo periodista que sostiene que el principio de presunción de inocencia en ocasiones es una broma.

Paraísos fiscales, ingeniería financiera, testaferros, empresas offshore… no son más que engaños. Aquí lo que hay es mucho y mucha sinvergüenza, con o sin la ley de su parte.

Dirigentes políticos de todo tipo y color, clubes de fútbol, famosillos, famosillas, gente de todos los pelajes, puede incluso que hasta alguno o alguna nos caiga simpático y le veamos cierta justificación…

La triste sensación que queda es que aquí sólo pagamos los tontos, los que no nos queda otro remedio, porque el que puede se escaquea y además lo vemos como un triunfador y además deseamos su suerte.

Si algo de bueno -por decir algo- tiene este escándalo es que acaba con el mito de que los ciudadanos del Norte son más honrados que los ciudadanos del Sur, que en el Norte pagan gustosos los impuestos porque les sale de dentro. Y esto no es cierto, lo que pasa es que están más controlados, más vigilados, así de simple.

Esta es una clave muy importante, el control fiscal.

La otra clave, más importante todavía, hacer una legislación impositiva justa que no invite a saltar la valla porque si te quedas dentro eres  tonto.

Pues eso…

Hoy también es 8 de marzo

Dedicado a los posturetas que han dejado de meter tripa confiados en que ya ha pasado el día de autos.

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Hay un día internacional para casi todo, cada uno con su intríngulis y su respectiva carga de buenas intenciones que son de las que está empedrado el infierno. Pasadas las 24 horas de rigor, el o la que no tiene el problema encima se olvida y pasa al siguiente día internacional si no con el mismo, con parecido entusiasmo al del día anterior y, si no con la misma, con parecida superficialidad. Somos así.

Pero el 8 de marzo no es un día más en este carrusel. El 8 de marzo atiende a un problema estructural de nuestra sociedad que arrastramos cual fantasma sus cadenas. El Día Internacional de la Mujer no puede ser despachado en un sólo día ni ser sólo un asunto de mujeres como reza su desafortunado enunciado.

El 8 de marzo nos atañe a las mujeres y a los hombres porque de lo que estamos hablando es de igualdad. No de una igualdad teórica o retórica. Estamos hablando de igualdad de oportunidades, de igualdad de derechos, de igualdad de salarios, de igualdad en el trato, en definitiva, de una igualdad real.

El machismo ha calado hasta los tuétanos en nuestra sociedad y reconozco que yo no soy parte ajena a ello. Giros y expresiones en nuestro lenguaje habitual, comportamientos rutinarios o determinadas formas de proceder reflejan una sociedad profundamente desequilibrada y, lo que es peor, muchas veces ignorante de ello.

Una agresión flagrante puede ser sencilla de identificar, pero cuando el hecho en sí no es espectacular sino que viene (mal)justificado por un determinado contexto o camuflado bajo argumentos tales como se ha hecho así toda la vida o que es lo normal, es cuando empezamos a tener graves problemas. Ahí es donde se libra la verdadera batalla, no en lo evidente sino en lo sutil, en lo que damos por hecho que no representa problema alguno.

Fiestas, colores, juguetes, oficios, tareas domésticas o el tráfico por poner algún ejemplo, son fuente de numerosos casos contrarios a la igualdad y que tenemos tan asumidos que ni se nos pasa por la cabeza que puedan ponerse en tela de juicio.

Cualquiera puede tener una actuación o un comportamiento puntual desafortunado, sin mala intención, pero todos tenemos la obligación de mantener una actitud vigilante, proactiva para evitar caer en este tipo de situaciones sin darnos cuenta y que no son para nada de recibo.

El objetivo es ambicioso y la meta no está cerca. Quizá sea demasiada batalla para un sólo día. Por eso también hoy es 8 de marzo, y mañana, y pasado mañana, y al otro y al otro…

Pues eso…

En tu casa o en la mía

Los debates electorales en la tele están sobrevalorados.

Ya me sé el argumentario de aluvión que dice que los debates electorales en televisión sirven para medir la calidad democrática de un país y de que son un síntoma saludable de la misma y tal y tal…

Y seguro que es con ese espíritu, el de ofrecer un ejercicio revitalizante para la democracia, con el que el  A3Media organizó el pasado 7 de diciembre su debate electoral con una estética tan futbolera que a algún despistado le pudo llevar a preguntar por qué partido de la Champions se jugaba.

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Viaje en coche, recibimiento por los anfitriones y llegada al plató retransmitida en directo, incluidos los cánticos de los aficionados convenientemente azuzados por el reportero de turno para no se sabe muy bien qué.

En el escenario del debate no había concesión alguna al confort. Una calculada incomodidad obligaba a los políticos a permanecer dos horas de pie, haciendo lo que mejor saben porque lo llevan requetepreparado, con una banqueta detrás imposible de utilizar si no querían aparecer como unos flojeras ante el mundo.

Dos periodistas se encargaban de dirigir el debate: Ana Pastor con una bien ganada fama de periodista incisiva a fuerza machacar invitados en sus programas. Y Vicente Vallés, que demostró que para ser buen periodista no hace falta ser borde ni repelente.

El resto ya lo conocen, ríos y más ríos de tinta comentando al detalle todos y cada uno de los gestos que brindaron los contendientes.

Podemos estar tranquilos, la democracia ya tiene su síntoma saludable.

Creo que al Grupo televisivo organizador le salió rentable el evento, lo mismo que le hubiera salido rentable retransmitir un partido de Champions o un Gran Premio de F-1 con Alonso o Sáinz jugándose algo. De hecho creo que están en el mismo capítulo de la cuenta de resultados.

Pues eso…

 

 

¿Justicia o venganza?

En el último párrafo de mi post La guerra en casa adquiría el compromiso de reflexionar acerca de los motivos que nos habían llevado a esta guerra a la que ya sólo queda poner el nombre por el que se la conocerá en el futuro.

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En las ni todavía dos semanas transcurridas desde los atentados yihadistas de París han pasado muchas cosas y me atrevo a decir que casi ninguna buena.

La tosca, rudimentaria y asquerosa, pero a la postre eficaz brutalidad terrorista está poniendo en jaque a la Comunidad Internacional tan dividida y con tantos intereses como miembros la componen, a pesar de lo que salga por las bocas de sus dirigentes.

Y si no, echemos un vistazo:

El Presidente de Francia ha emprendido por su cuenta una gira mundial reclutando socios para la guerra que él mismo ha declarado. Por supuesto nadie le ha dicho que no, pero tampoco sabemos qué le han dicho exactamente.

El Presidente de los Estados Unidos, me temo que de buen grado acortaría en un año la duración de su segundo y último mandato, puesto que en los doce meses que le quedan, todo apunta a que se va a tener que tragar su máxima política de que él está aquí para terminar guerras y no para empezarlas.

El Presidente de Rusia lo tiene muy claro, él no espera a nadie. Siria es su ojito derecho y el sátrapa Bachar Al Assad su hombre.

Turquía ha derribado un avión ruso y ha pedido socorro a la OTAN, que para eso es miembro y como los mosqueteros, juraron uno para todos y todos para uno en caso de que vinieran mal dadas.

Turquía no ve con buenos ojos armar a los Peshmerga kurdos, únicos capaces de frenar al DAESH (Acrónimo árabe de Estado Islámico) sobre el terreno, porque hay 30 millones de kurdos repartidos entre Irán, Irak, Siria y la propia Turquía que buscan un territorio en el que asentarse como estado.

En Europa, salvo el siempre dispuesto Cameron, el resto bastante tiene con la recuperación económica como para pensar en los dinerales y disgustos que cuesta una guerra.

Y por si alguien echaba de menos una guinda, esta la ha puesto el Primer Ministro francés que, aprovechando que el Sena pasa por París, ha dicho que tras el 13-N Europa no puede aceptar más refugiados.

Así las cosas, hablar de unidad suena a broma.

Así las cosas, y muy a mi pesar, del título de este post sobra la palabra justicia.

Pues eso…